Desde la cuarentena obligatoria, los programas se llenaron de ruidos domésticos de fondo, perros, niños. Las fronteras de la AM, la FM y Radios de Internet parecen diluirse. Las pequeñas emisoras se vuelven clave. Y el poder del medio crece. Una horda buceando al mismo tiempo en el océano Netflix podría hacer colapsar el servicio. Un millar de internautas insistiendo en el click, podría reventar Internet y extinguirla. Algo podría cortar el hilo invisible de la fibra óptica cuya capital nacional es Las Toninas. En ese escenario, un medio viejo que en agosto cumplirá 100 años reafirma que no resucitó: siempre estuvo vivo, como servicio esencial tildado de antiguo. La radio en tiempos de coronavirus es vacuna.

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